lunes, 13 de febrero de 2017

La traviata - Palau de les Arts - 09/02/2017


UNA TRAVIATA MÁS. En la no muy larga, pero ya no tan corta, historia del Palau de les Arts, si la memoria no me falla, Turandot y La traviata se llevan la palma, ambas han sido representadas en tres temporadas; pero, sin duda, la que debe figurar en primer lugar es La traviata puesto que lo ha sido con tres producciones distintas y con tres directores también distintos. Con unos resultados también muy desiguales.

La primera Traviata, la conocida como “La traviata de los espejos” de Brockhaus se representó durante la Temporada 2009-2010 y estuvo dirigida con Lorin Maazel. Esta producción, más allá de la colocación del famoso espejo en el escenario en el que los cantantes, y también el público, se ven reflejados, no me dijo nada. En cuanto al reparto tampoco dijo mucho, quizás lo más destacable fue el material vocal, irregularmente empleado, de Vittorio Grigolo. Nunca me gustó Maazel dirigiendo Verdi durante la última etapa de su carrera, salvo en muy contadas ocasiones, como el Auto de Fe de Don Carlos. Le iban mejor compositores más expansivos, recuerdo especialmente su Butterfly y su Parsifal, de lo mejor que se ha escuchado en Les Arts. En conjunto fue una Traviata fallida. 

La segunda Traviata contaba con la seguridad y eficacia a la que nos tenía acostumbrado Zubin Mehta, fue en muchos aspectos extraordinaria. Es “La traviata del reloj”, también muy famosa, que provenía del Festival de Salzburgo, visualmente atractiva y muy efectiva dramáticamente. Las funciones fueron bastante accidentadas (sustitución de Ivan Magri en el estreno por Nikolai Schukoff y, posteriormente, de Sonya Yoncheva por Jessica Nuccio y de Magri por Aquiles Machado) pero el resultado más que óptimo. 

Y ahora ha llegado el turno a la tercera Traviata, la de la escalera. Desgraciadamente el atractivo mediático no estaba puesto esta vez ni en el director musical ni en los cantantes, ni siquiera en la dirección escénica de Sofia Coppola. Ahora el aliciente que nos ha querido vender el Palau de les Arts para que asistamos a este estreno ha sido la presencia de la reina Sofía, el modisto Valentino, Monica Belucci, Nati Abascal, Luis Alfonso de Borbón, Margarita Vargas, Mónica Ortiz y otra fauna. Así es como nuestro director de escena oficial e Intendente-Director artístico quiere “hacer accesible la belleza al chico del último barrio” (Livermore. Junio, 2013). No voy a extenderme más sobre este asunto porque ya se ha escrito mucho sobre él en los últimos días, no me parece una forma de predicar con el ejemplo por parte de nuestro intendente.

Sofia Coppola presenta una Traviata de lo más convencional, bonita sin más, con la presencia en primer plano de una escalinata de mármol descentrada y totalmente desproporcionada para que veamos durante el Preludio lo bien que va descendiendo la cola el traje que lucirá Violetta durante el primer acto de la ópera. La escenografía, de Nathan Cowley, es del estilo de las óperas que dirigía Franco Zeffirelli pero en versión minimalista. La dirección de actores brilla por su ausencia, el único que sabe cómo moverse en escena es Plácido Domingo, pero es algo que está en su propia naturaleza y que ha ido perfeccionando a lo largo de los años. Si esta Traviata tiene alguna virtud es la de que, transitoriamente, abandonamos la estética Livermore, con la que ya comenzábamos a emborracharnos, es el precio que tenemos que pagar por tener un director de escena como director artístico. La traviata de Coppola agrada a los que gustan de las producciones tradicionales. No es mi caso, prefiero que se arriesgue más aunque el resultado final termine decepcionándome, yo apuesto antes por el riesgo que por el aburrimiento más convencional. Tampoco diré poco más, dos palabras lo dicen todo: estéticamente anodina, y dos palabras más vuelven a puntualizar: no molesta. No entiendo por qué en la web de Les Arts, en el apartado titulado "Dirección" se pone el siguiente encabezamiento: "Producción creada por VALENTINO GARAVANI y GIANCARLO GIAMMETTI y el Teatro dell’Opera di Roma". Cuando lo normal es que pusiera "Producción procedente del Teatro dell’Opera di Roma". Después, en el apartado “vestuario” vuelve a aparecer el nombre de Valentino Garavani, junto con el de Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli. No sé si es por mi propia ignorancia pero estoy hecho un lío ¿quién dirige, al final, escénicamente esta Traviata?.

Si alguien destacó el pasado jueves fue Marina Rebeka como Violetta, tiene la soprano letona una voz muy hermosa, timbrada, sin aristas y es capaz de solventar, aunque sin grandes alardes, los problemas de coloratura que contiene el papel, sobre todo en el primer acto. En el segundo acto me dejó algo decepcionado por culpa de su inexpresividad, tanto vocal como escénica, pero me cautivó de nuevo en el último, más por la forma de cantar que por su fuerza dramática, y esto también fue una sorpresa después de lo estática que la había encontrado en el dúo con papá Germont, porque pensaba que Rebeka, que es una soprano lírica, carecía de los graves necesarios para afrontar el reto del tercer acto con solvencia, hizo un final de ópera más delicado que intenso y eso, aunque no es mi ideal, sí me gustó. Artuo Chacón Cruz pasó por el papel de Alfredo sin pena ni gloria, su timbre no tiene brillo alguno, es tosco, creo que es su principal problema; pero, al contrario que a otros muchos, no me molestó, eso sí, decía el texto como si fuera un robot, expresividad nula. Escuchar a Plácido Domingo supo a gloria en la primera parte del dúo con Violetta, por la intensidad de su canto y fraseo, para mí fue una sorpresa más porque escuchar al tenor cantar Macbeth la temporada pasada se convirtió en un auténtico suplicio; sin embargo, cuando llegó el momento de su aria y cabaletta el tenor madrileño estaba totalmente agotado e hizo lo que pudo para salvar los platos, menos mal que el papel del papá de Alfredo no es muy largo. El resto de papeles tienen poca relevancia y todos fueron correctamente servidos por miembros del Centro de Perfeccionamiento o del Coro de la Generalitat, que estuvo al extraordinario nivel a que nos tiene acostumbrados y, afortunadamente, esta vez me he reconciliado con la Orquesta de la Comunitat Valenciana que, en I vespri siciliani, me decepcionó mucho, hasta el punto de haber pensado que el declive, que hasta entonces venía siendo muy lento y progresivo, se había acelerado. Gran parte del mérito de que esto haya sido así debemos atribuírselo a Ramón Tebar quien llevó muy bien a la orquesta y estuvo en todo momento pendiente de los cantantes; con la colaboración de Rebeka, única cantante que estuvo a la altura, supo llevar a esta Traviata a buen puerto. 


domingo, 11 de diciembre de 2016

Les Arts: "I vespri siciliani" 10/12/2016 - Sacad el manual de instrucciones.



Sorprende que Las vísperas sicilianas, dado el lugar que ocupa en la producción verdiana: después de la trilogía popular (Rigoletto, Traviata, Trovatore)  y antes de Simon BoccanegraUn ballo in maschera y La forza del destino, no sea una ópera de repertorio, esta circunstancia la comparte con Aroldo, pero ésta es un caso distinto en cuanto es una revisión de Stiffelio, ópera anterior a Rigoletto. Se han dado muchas razones de por qué Las vísperas, a pesar de tener una música de gran calidad, alabada por el mismo Berlioz, y de forjar un nuevo ideal dramático que culminará en Don Carlos no ha terminado de cuajar y su programación sea una rareza; así, se ha dicho que Verdi la escribe a disgusto, en un idioma extranjero, en un formato, el de la grand opèra, en el que tampoco se siente cómodo a causa de sus exigencias formales y con un libreto que no termina de convencerle, tanto por su desenlace como por la ausencia de vida interior en los personajes, exceptuando el de Monforte. Es, por lo tanto, una buena noticia que un teatro se atreva con ella y funciona muy bien, si no como atracción popular autóctona (había muchos huecos ayer en Les Arts), sí como reclamo para que  muchos aficionados de fuera de Valencia decidan venir a verla, por eso quiero felicitar al Palau de les Arts por haber tomado esta decisión. Pero me hubiera gustado que Les Arts hubiera inaugurado la Temporada 2016-2017 con una producción propia, es una manera de crear expectación y de obtener bastante más publicidad que utilizando una producción conocida que procede de  Bilbao y que levantó revuelo cuando se estrenó en el año 2011 en  Turín dentro de las celebraciones del 150 aniversario de la Unificación italiana. Y es que estas Vísperas son el fruto de una  co-producción de la ABAO-OLBE y el Teatro Regio Turin.  No hubiera estado mal programar unos nuevos Vespri o abrir temporada con la Lucrezia Borgia  de Sagi o el Werther de Grinda, para las que así se estrenará producción, pero no es la primera vez que en Les Arts se abre la temporada con una propuesta que procede de otro teatro, esto ya pasó en tiempos de  Helga Schmidt, además tampoco es un asunto para rasgarse las vestiduras; sin embargo, sí lo es el hecho de que el reparto no estuviera a la altura de las pretensiones del teatro convirtiéndolo, en muchos aspectos, en un teatro de provincias.

En el libreto original de Scribe la acción se sitúa, en el Palermo de finales del siglo XIII, y narra las heroicas tentativas de los sicilianos para liberar su isla de la ocupación francesa, culminando tanto en el descubrimiento general de que el gobernador francés de Sicilia es en realidad el padre de uno de los cabecillas del motín, como en una revuelta que provoca una masacre en el bando francés, también en el fondo hay una historia de amor, más o menos contaminado por el deseo de venganza.

Davide Livermore, cuando recibió el encargo, se propuso trasladar la acción escénica a la época contemporánea entendiendo, con buen criterio, que el público del siglo XXI, a diferencia del del XIX,  no comprendería el significado político de una ópera ambientada en el siglo XIII. Según el propio Livermore ha expresado en numerosísimas ocasiones, antes de efectuar su propuesta,  hizo un ejercicio de reflexión y se preguntó qué es lo que hoy en día bloquea la democracia italiana y la participación popular de los ciudadanos en la política, llegando a la conclusión de que el mal estaba en el poder de las telecomunicaciones, en el "fascismo mediático" - termino, recuerda Livermore, empleado por Passolini- que, en colaboración con los políticos o bajo sus órdenes, distorsiona la realidad y conduce a la frustración y al desorden social, fomentando así la falta de democracia y de participación popular, que es lo que se quiere denunciar.

El primer acto se abre con un funeral de estado pero será  en el segundo, que actúa como un flashback, cuando  el espectador comprobará quién era el fallecido y por qué ha habido un conato de sublevación popular. Este acto comienza con la llegada del rebelde  Procida a su patria y su lamento por el estado en el que se encuentra Sicilia. Para reflejar esta situación el director de escena recurre a la reproducción de una imagen de un acontecimiento histórico, "la strage di Capaci" (la masacre de Capaci),  el asesinato del juez Falcone, su esposa y tres escoltas, en una autopista en las proximidades de Palermo,. La situación se amolda muy bien al texto y con ello Livermore dice haber querido rendir homenaje a aquellos héroes contemporáneos que son capaces de defender sus ideales de justicia exponiendo su propia vida.  El personaje de Procida, tan poco grato a Verdi, dispuesto a sacrificar a las mujeres sicilianas e incluso a la propia Elena para conseguir sus objetivos, aparece como un terrorista para quien el fin justifica los medios, un antisistema de los de verdad, no de los otros. También  en este punto la adaptación dramatúrgica me parece oportuna, puesto que Procida,  ya en el propio libreto, se nos va haciendo cada vez más antipático conforme avanza la acción a causa de su fanatismo y falta de escrúpulos. A Verdi le hubiera gustado suavizar el personaje y pidió ayuda a Scribe, el libretista, pero éste no estaba por la labor, así que Procida se quedó marcado por su carácter cruel y sanguinario. Ahora bien, ¿cómo descifra el espectador que Procida es un terrorista dentro de la dramaturgia de Livermore? Pues no lo sé, la verdad, yo lo sé porque se lo he escuchado decir a él dos o tres veces. Malas son las producciones que tienen que llevar al lado un manual de instrucciones. ¿Y qué hacen las parejas de enamorados entre los retos del atentado de Capaci? A mí me dio la impresión de que como había salido la escenografía con los coches quemados Livermore no sabía resolver la situación -no los iba a retirar a los 5 minutos-  y no se le ocurrió nada mejor que sacar a las parejas bailando entre los escombros, como si de un akelarre se tratara, para después sacar bolsas de basura y desperdigarlas por toda la escena, ¿quizás quiso represenar la profanación de un lugar en el que fallecieron heroes italianos por el pueblo italiano? No lo sé. Hace ya tantos años que ocurrieron aquellos hechos que los espectadores contemporáneos que no somos italianos no tenemos las claves para descifrar lo que ocurre en escena.

El final de la ópera es radicalmente distinto al libreto, no hay sublevación y masacre francesas. Los franceses, que en la propuesta del intendente de Les Arts, son sustituidos por ciudadanos sin rostro, pierden sus máscaras convirtiéndose en legítimos representantes del pueblo, mientras aparece una proyección del artículo 1 de la Constitución italiana que hace referencia a que la soberanía reside en el pueblo. Sustituye el original final vengativo y despiadado por un final optimista en el que las aguas vuelven a su cauce, el pueblo consigue tener los mandatarios que merece. A Verdi no le gustaba nada como se resolvía el quinto acto, lo demuestra el hecho de sus quejas porque tanto franceses como sicilianos aparecen malparados, los unos porque figuran como opresores y los otros porque aparecen como conspiradores sin escrúpulos que buscan sus libertad y no les importa el peaje que haya que pagar.

El principal obstáculo con el que se enfrentaba este planteamiento dramatúrgico era el distinguir entre dos facciones contrapuestas que en el original se identifican con dos nacionalidades diferentes, los militares franceses, como opresores, y el pueblo siciliano, como oprimido; no fue mala solución dividir al pueblo en dos grupos enfrentados, los continuistas, que son una masa y carecen de personalidad y llevan una máscara, y los rupturistas que sí reivindican su individualidad y su libertad y van a cara descubierta. Pero los aficionados no estamos todos en primera fila y este detalle pasa desapercibido para el 80% del público y el 2% adicional que es portador de anteojos, con lo que, a los que estamos lejos, nos cuesta distinguir quién es quién en cada momento; por otra parte, la visión de la sociedad contemporánea planteada por Livermore resulta excesivamente maniquea, porque ni todo el ejército, ni toda la policía, ni todos los políticos, ni todos los periodistas son tan malvados y manipuladores, por lo menos yo quiero pensar que eso es así; y contrasta con esa visión tan verdiana que buscaba un rasgo de humanidad en toda persona resultando al final que, aunque algunos buenos eran muy buenos, los malvados eran dignos de simpatía o compasión y ahí está el personaje de Monforte en las mismas Vísperas o el de Amneris en Aida y Felipe II en Don Carlo, para comprobarlo y ahí está también el diabólico Iago en Otello o el vil Don Carlo di Vargas en La forza como excepciones que confirman la regla.

Es una ópera, Las vísperas sicilianas, que entre sus papeles destacados carece de mezzosoprano, los papeles protagonistas son cantados por una soprano (Elena), un tenor (Arrigo),que encarnan a la pareja de enamorados,  un barítono que es el padre del tenor (Monforte), y un bajo (Procida), un rebelde que es afín políticamente, y teóricamente  amigo, de los enamorados. Tanto el rol de Elena, que requiere una soprano que se conoce como sfogato o assoluta,  es decir, que debe saber tocar todos los palos posibles (desde lo más grave y dramático a lo más ligero y leve), como el de Arrigo, que está siempre moviéndose en la zona de paso y planteando al tenor problemas de cobertura y homogeneidad vocal son de los más difíciles que escribió Verdi para sus respectivas cuerdas, y eso hay que tenerlo en cuenta al hacer cualquier valoración sobre los intérpretes puesto que  para salir airoso hay que ser un fuera de serie.

Cuando Livermore estrenó esta producción en Turín, la soprano que estaba prevista para encarnar a Elena, Sondra Radvanovsky, tuvo que ser sustituida, por problemas de salud, por  Maria Agresta y en esta ocasión también ha habido que sustituir a la soprano, Anna Pirozzi, que está embarazada, por la ucraniana Sofía Soloviy (en otras representaciones la sustituirá Maribel Ortega), pero sólo hasta el día de antes del estreno porque ayer se anunciaba que Soloviy era sustituida en la función del estreno por Maribel Ortega. Quiero pensar que Pirozzi, que ha cantado hasta hace bien poco, quiso apurar hasta el último momento, o puede que no se supiera el papel porque lo debutaba en estas funciones, o ni siquiera quiso aprenderlo dado que la ópera prácticamente no es de repertorio, la antelación con la que se anunció, a la vez que en la página web de la soprano, me pareció suficiente y no tengo la información necesaria para opinar al respecto. La última cancelación es la que más me ha irritado, si Soloviy se cae del cartel qué menos que explicar a los aficionados cuál es la razón de ello, no me parece una tomadura de pelo porque no creo que haya sido voluntad de Les Arts, sé que en el ensayo general sí participó la ukraniana, lo que sí me parece es una falta de consideración para con el público, a ver si nos acostumbramos a que los espectadores necesitamos explicaciones de por qué se hacen las cosas, y más en un servicio público como es la ópera en Valencia, pagada con el dinero de los contribuyentes. Ortega, que tiene un hermoso timbre, no estuvo a la altura de las exigencias de Elena, sonidos entubados, falta de proyección en los conjuntos, graves inaudibles, llegando a pasar totalmente desapercibida en algunos momentos de los tres primeros actos, supongo que reservándose para la parte final en la que tiene los dos momentos más exigentes: Arrigo! Ah parli a un core, en el que tuvo que ser muy cuidada por Abbado, con parones eternos para aguantar el fiato y defectuosa realización de esas escalas cromáticas descendentes tan exigentes y Mercé, dilette amiche, que no fue un desastre absoluto porque intentó ser cauta, ni siquiera intentó cantar todo lo que está escrito en la partitura, no quiero hacer leña del árbol caído. Una cosa es cantar, en funciones de pretemporada, Soleá de El gato montés y otra atreverse con uno de los roles más difíciles que escribió Verdi para la voz de soprano.

Prácticamente no hay en la actualidad tenores que se atrevan con el papel de Arrigo (tampoco es I vespri una ópera que se programe demasiado, es como la pescadilla que se muerde la cola, no sé si no hay tenores porque no se programa o si no se programa por que no hay tenores). Gregory Kunde lo ha cantado ya en bastantes ocasiones (Turín, Nápoles, Atenas, Viena, París, Bilbao) y es un papel que casi podríamos decir que tiene monopolizado,  y es capaz de cantarlo tanto en italiano como en su original francés. Lo canta con soltura, es ya lobo viejo, tiene tomada la medida del personaje, pero a su recreación le faltó ímpetu, arrojo, valentía, no olvidemos que el personaje de Arrigo tiene veinte años escasos, a pesar de todo, gracias a su fraseo, a la proyección y su suficiencia en la zona aguda, fue el mejor de la noche.

El tercer personaje en importancia es el de Monforte, el que en un principio parece ser la persona más maligna de toda Sicilia pero que va sufriendo un proceso de humanización conforme avanza la ópera. Es el personaje que ofrece una psicología más rica, llena de claroscuros, y el más difícil de interpretar en lo dramático, debe ser, por lo tanto, un cantante muy expresivo, con un timbre potente que le permita destacar en los dúos y en los números de conjunto, pero también muy lírico cuando debe mostrarse tierno o conmovido, lo que se llama un típico barítono verdiano. Juan Jesús Rodríguez es un conocido barítono del público valenciano, ha cantado en Rigoletto y el Conte di Luna (Il trovatore), se prodiga mucho en los escenarios españoles, franceses e italianos, ha llegado a cantar en el Met y seguramente volverá para cantar en Cyrano de Bergerac junto a Alagna. Tiene un timbre contundente de auténtico barítono verdiano y cantó con mucha entrega la que para mí es la mejor aria de toda la ópera, In braccio alle dovizie, siendo, junto a Kunde, lo mejor de la noche, si hay que buscarle un defecto diría que se agradecería un mayor matiz en las dinámicas y regulaciones.

Procida es un personaje muy contradictorio, en él se ve reflejada la discrepancia entre la visión de Scribe, que lo mostró como persona subversiva, tramadora de intrigas, y la de Verdi que quiso hacer de él un patriota, resulta por lo tanto chocante la falta de correspondencia entre la música que compone Verdi, sobre todo al inicio del segundo acto, "O tu Palermo" y la acción dramática, el resultado es que queda en una especie de indefinición que, como ya hemos visto, se integra muy bien en la dramaturgia propuesta por Livermore, de su interpretación se encargó  Alexánder Vinogradov, conocido en Les Arts por su Banco y su Escamillo, posee un timbre de considerable volumen, bastante atractivo pero no dio lecciones de legato y estilo en su ondulante aria, resuelta de forma rudimentaria sin matices en la línea de canto, pero al público le gustó mucho a juzgar por los aplausos que cosechó.

El coro no descansa en esta ópera, se requiere de su presencia a dos por tres y tiene papeletas difíciles de resolver, afortunadamente en Les Arts tenemos el Coro de la Generalitat Valenciana rico en colores gracias a su característica distinción entre las diversas voces. Juzgar la labor de Roberto Abbado en esta producción es difícil, tenía una papeleta complicada y se dedicó a estar más pendiente de los cantantes que a buscar el matiz en una de las obras de Verdi de instumentación más refinada, llevó a la orquesta como elefante por cacharrería y no sacó casi partido de todo el potencial que tiene la formación valenciana que, como siempre, nos regaló hermosos sonidos.

No pudo empezar peor la temporada del Palau de les Arts.


sábado, 10 de diciembre de 2016

Liguilla de amigas sicilianas (4) - Se van Scotto, Muzio y Callas.



En el grupo 3 han quedado eliminadas Renata Scotto, una voz quizás demasiado ácida, rota por arriba, pero estupenda cantante, y Claudia Muzio, también se muestra agresiva en los agudos, además, en vez de una orquesta parece estar acompañada por una banda de música, ninguna de las dos ha obtenido votos, y por los pelos se va también, con 3 votos, una de las que, a priori, era de las favoritas, Maria Callas, la toma sonora no es muy buena y su versión, aunque no es perfecta en ejecución vocal -ligeros problemas en el agudo fnal- es toda una referencia y se caracteriza por el respeto escrupuloso a lo escrito en la partitura, variedad de dinámicas, y ese toque "alegría con presagio funesto" que sólo ella sabía dar.

Siguen la número 11, que ha obtenido 6 votos, y la número 15 también con 6 (hubo alguien que eligió la 15 en ambas filas y solo he computado un voto).

Vamos con las siguientes 5 versiones, hay que tener en cuenta que concursan las números 16, 17, 18, 19 y 20, las eliminadas (Tetrazzini, Mudryak, Meade, Arroyo, Haroutounian, Studer, Scotto, Muzio y Callas.) aparecen con su nombre.

Las que han pasado de fase y, por lo tanto, no se pueden votar son las números 3, 5, 9, 10, 11 y 15 ,




Puedes consultar los RESULTADOS haciendo click  AQUÍ.


viernes, 9 de diciembre de 2016

Liguilla de amigas siclianas (3) - Caen Arroyo, Haroutounian y Studer, vamos con 5 más.


Como el resultado del segundo grupo está clarísimo corto la votación y pasamos al grupo tres.

Esta vez las eliminadas han sido: La número 6, Martina Arroyo, que no ha obtenido ningún voto y es la protagonista de la única grabación comercial efectuada en estudio de grabación, existe una de Muti pero es en directo desde La Scala. Arroyo cae a pesar de que en el disco, contando con que no es la reina de la expresión y de que su pronunciación italiana deja mucho que desear, está muy bien, es una voz verdiana 100%, en vivo este día no tuvo fortuna. También se va con cero votos Lianna Haroutounian, una cantante que interpretó la ópera completa en francés, era la número siete, y la tercera eliminada es Cheryl Studer, era la protagonista de la citada grabación de La Scala con dirección de Muti, a mí me parece una buena versión, ha obtenido 4 votos, las malas lenguas dicen que se hicieron retoques, no creo que fuera así porque algunos defectos se aprecian, entre ellos el agotamiento de la soprano al final con esos graves inaudibles.

Pasan de fase la número 9 y la número 10, la primera en vivo y la segunda en estudio y sin cantar la segunda estrofa, jugaba con doble ventaja, obtuvieron 5 y 6 votos respectivamente.

Vamos con las siguientes 5 versiones, la primera, como la de Haroutounian, está cantada en la versión original en francés y es en estudio, el resto son todas en vivo excepto la de fritura, la tercera, y esta vez creo que la decisión va a ser todavía más difícil:







VOTACIÓN CERRADA

Lista de sopranos que se quedaron atrás: Tetrazzini, Mudryak, Meade, Arroyo, Haroutounian y Studer.

Se salvaron las números 3, 5, 9 y 10.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Liguilla de amigas sicilianas (2) - Caen Tetrazzini, Mudryak y Meade.


En el primer grupo de la liguilla se han caído las siguientes versiones:

- La primera, que era la de la florentina Luisa Tetrazzini, una soprano muy afamada durante la primera mitad del siglo XIX, su versión suena hoy bastante viejuna, lo más destacable es la claridad del fraseo, espectaculares trinos y estacatos, el sonido en los agudos, no sé si por características de la técnica de grabación del momento, es muy fijo, casi contratenoril. La segunda no era más que un experimento, Maria Mudryak, una soprano de unos veinte años que no lo hace mal, cumple con suficiencia las exigencias del aria, la voz es bonita pero con vibrato estrecho y  está lejos de las grandes versiones, pero no ha disgustado, consiguió 4 votos. Y, por último, se cae también la cuarta, la norteamericana Angela Meade, no sé quién estaba dirigiendo pero en absoluto benefició a la soprano que ofrece una versión deslavazada, sosa y sin encanto alguno, aburrida hasta decir basta y pasando apuros de fiato, tampoco consiguió votos..
Por lo tanto, pasan a la siguiente fase la número 3, con 6 votos,  y la número 5 que consiguió casi unanimidad, le falto un voto para conseguirla, en total fueron para ella 13 votos, sin duda todo apunta a que será una de las favoritas para la final.

Ahora vamos con las siguientes 5 versiones, ahora va a ser más difícil, siempre hay suspicacias con la colocación de las cantantes pero tengo que deciros, aunque no lo creáis, que el orden lo ha decidido el azar. Atención a la duración y al idioma empleado.







ENCUESTA CERRADA - Pasan a la siguiente fase la 9 y la 10.


martes, 6 de diciembre de 2016

Liguilla de amigas sicilianas (1)



Alguna vez he pensado en retomar el asunto de aquellas liguillas que hacía de vez en cuando, una especie de competición entre cantantes de épocas variadas y no siempre adecuados al 100% al rol completo de una ópera, y con Las vísperas sicilianas me ha apetecido hacerlo a pesar de que es un poco una paliza recopilar tropecientasmil versiones de una misma aria. Y sin más palabrería pasamos a la acción, aquí tenemos a las 5 primeras, el mecanismo de la competición es fácil, se trata de votar por vuestras dos  preferidas, o por una sola, y pasarán a la siguiente ronda las dos versiones que más votos obtengan en cada tanda, el orden en que se elijan no tiene importancia, las computaré igual:











VOTACIÓN CERRADA. RESULTADOS:

Siciliana 1 - 0 votos -  Luisa Tetrazzini
Siciliana 2 - 4 votos -  Maria Mudryak
Siciliana 3 - 6 votos -  Pasa a la siguiente fase
Siciliana 4 - 0 votos -  Angela Meade
Siciliana 5 - 13 votos - Pasa a la siguiente fase